
No veo razón de que tus problemas o prisa te hagan tirar al piso las virtudes que te diferencian de los demás, entre ellas cito la virtud de la amabilidad, es arma que doblega al más colérico e irritable.
Hay personas agrias, con rostro duro, que parece andan vengándose las situaciones negativas que les suceden. A nadie debe pesarle ser amable, es gesto de nobleza. Hay que retomar los buenos modales que hacen nuestro convivir grato, tales como “gracias”, “ceder el paso”, “ceder el asiento”, “buenos dÃas”, “hasta mañana”, “Dios te bendiga”, “por favor”, “perdón” “disculpe”, “con permiso”, “con mucho gusto”, etcétera.
A veces saludamos “buenas tardes’’ y nadie responde, originando que cometamos el error de decidir callar convirtiéndonos en sus iguales. Eso no es correcto, los buenos modales no pasan de moda, la cortesÃa no requiere haber asistido a la mejor escuela, inicia en el hogar. Es código de buena costumbre y valores.
¿Por qué ese rostro odioso? La vida entera es para tratarnos bien, ser afables y complacientes.
Mañana diga “buenos dÃas” a sus padres, pareja, vecino, transeúnte, al vendedor ambulante, recogedor de basura, chofer de carro publico, policÃa, a su hijo, a los compañeros de oficina.
Ceda el asiento en el bus a quien esté con paquetes o rostro cansado, le enviará bendiciones y acaso ¿quieres un pago mejor? No es difÃcil decir gracias a quien te sirve el café, basta con proponértelo.
Estos detalles harán que se sienta tu espacio cargado de una atmósfera de respeto, de paz, y donde hay paz, hay armonÃa.
Asà disfrutaremos de la compañÃa de quienes nos rodean, no importa el lugar, casa, trabajo, mercado, etcétera. Ser amable es una cualidad, virtud que contagia al que tiene alma, al que imita, guardando la distancia, el alma de Dios.

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